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La real fábrica de municiones de Olaberri (Eugi) PDF Imprimir E-mail
Víctor Manuel Egia Astibia   
Lunes, 30 de Enero de 2017 18:55

Las ruinas de la Real Fábrica de Municiones de Olaberri en Eugi son, probablemente, los restos más antiguos de actividad netamente industrial de la actual Comunidad Foral de Navarra. Su importancia como lugar de memoria le ha merecido la consideración, por parte de las autoridades competentes, de Bien de Interés Cultural y como tal su valorización, preservación y protección.

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Recreación del conjunto fabril. Cortesía de su autor, Iñigo Dieguez Uribeondo. (VME)

la historia de la Real Fábrica de Municiones de Eugi es muy parecida a la de su homónima de Orbaizeta, aunque mucho menos conocida. El pasado mes de febrero se cumplieron doscientos cincuenta años de su puesta en marcha. Sus ruinas han permanecido ocultas entre la espesa vegetación hasta hace sólo cinco años, apenas unos pocos las conocíamos y las habíamos visitado anteriormente. A pesar de que, a finales de los años ochenta del pasado siglo, se publicó un exhaustivo y valioso trabajo sobre la historia de la vieja fábrica, para la gran mayoría de la sociedad se trata de un reciente descubrimiento. Podría ser considerado como el resto más antiguo de actividad netamente industrial de la actual comunidad de Navarra y por tanto debe contar con el correspondiente reconocimiento como lugar de memoria. Los grandes murallones de sus carboneras, las preciosas arcadas de sillería sobre el río Arga, los restos de los grandes hornos de fundición se han salvado en alguna ocasión “por la campana”, sufriendo por el desconocimiento o quizás la desidia de los, entonces, responsables de cultura y patrimonio. Hoy por fin, 250 años después de su construcción, el lugar ha sido reconocido como Bien de Interés Cultural y de su preservación como tal todos debemos felicitarnos. Pero vayamos a contar unas pinceladas de su historia.

Como muchas de las instalaciones siderúrgicas de nuestro tiempo, sus orígenes se remontan al Medievo, cuando las ferrerías hidráulicas se instalaron a lo largo y ancho de toda nuestra geografía, a orillas de ríos y errekas. El curso alto del río Arga contaba con los tres elementos necesarios y fundamentales para tener una instalación de esas características para trabajar el hierro. Una rica masa boscosa para poder elaborar carbón vegetal que alimentara los hornos, minas cercanas en donde extraer el propio mineral de hierro y un curso de agua capaz de mover las ruedas que luego transmitirán su movimiento a fuelles y martinetes. La ferrería de Eugi, en el término de Biurreta, es conocida desde finales del siglo XV. Anteriormente a la conquista castellana ya era reconocida por la realización en la misma de cascos, espadas o armaduras para los soldados del reino de Navarra. Pero tras la conquista, en 1535, los señores de dicha ferrería Cristóbal de Bergara y Martin de Aguirre la vendieron con todas sus pertenencias al virrey Marqués de Cañete. Probablemente se encontraba en un lugar, conocido después como Olaondoa, muy cercano al actual núcleo urbano de Eugi y hoy sumergido bajo las aguas del pantano. A partir de entonces se construyeron nuevos edificios aguas arriba del primitivo, en lugares próximos, términos conocidos, obviamente, como Olazar (en la desembocadura de la regata Artesiaga en el Arga) y Olaberri (unos 8 kilómetros al norte de Eugi). Dichos términos se corresponden con los que las descripciones de los militares de finales del XVIII llaman, la fábrica “de abajo” y la “de arriba”. La desde entonces llamada Herrería Real creció a ritmo floreciente aunque las relaciones con los vecinos, como después pasaría en Orbaizeta, no fueran del todo acordes. Tampoco aquí, la presencia de la instalación resultó de excesivo provecho para los pobladores de la zona y el director de la misma, por lo general de alta graduación en el ejército real hispano, por ejemplo, requisaba animales y carretas para el transporte de los distintos materiales.

A finales del siglo XVI, Felipe II, trajo hasta la herrería, a un puñado de maestros armeros desde Milan para la realización de cascos, yelmos y armaduras para el ejército imperial. En el Museo de la Real Armería de Madrid se conservan hasta ocho armaduras realizadas en Eugi a principios del siglo XVII. Pero, el elevado precio del transporte de materiales y útiles y el difícil abastecimiento de los operarios, repercutió desfavorablemente en el precio de los productos por lo que poco después, la mayor producción se trasladó a Tolosa. Además, el desarrollo de la artillería y en general de las armas de fuego, hizo cada vez más obsoleto el uso de armaduras y yelmos. Durante los siguientes ciento cincuenta años la actividad de la instalación fue muy irregular, algunos años nula, y cada vez más enfocada a la realización de municiones para la artillería, como vamos a ver. Desde finales del siglo XVII la Corona había cedido el establecimiento al Marqués de Monterreal, José de Aldaz, el cual era beneficiario de una contrata para el suministro de municiones, fundamentalmente balas de cañón, para el ejército.

En 1766, tras los informes previos realizados de las instalaciones de “arriba” y “abajo”, el Real Cuerpo de Artillería decidió la construcción de un nuevo y gran horno de fundición. Aunque ya existían dos hornos en el lugar “de abajo”, los autores del proyecto, el oficial artillero francés Conde de Rostaing y el capitán español Francisco Javier de Clairac, consideraron el lugar “de arriba” como más apropiado. Allí, en Olaberri, comenzó la actividad de la Real Fábrica de Municiones de Eugi con la construcción del horno y la “nueva casa de laborantes”. Durante los años siguientes se fueron conformando todas las instalaciones, siempre con la premisa de que el trabajo en cadena iba a ser un factor esencial en el proceso productivo y eso hacía necesaria una gran coordinación arquitectónica entre las diferentes aéreas. Es precisamente el trabajo en cadena una de las características que aportó la llamada revolución industrial a la sociedad. En 1767 ya había unos doscientos obreros trabajando, al primer horno llamado de Santa Bárbara se había añadido poco después un segundo llamado de Santiago, el camino carretil hasta Zubiri había requerido un importante arreglo, y en solo tres años se habían gastado más de 750.000 reales de plata en el proyecto; las obras siguieron durante los años siguientes. El planteamiento fue concebido para crear una unidad autosuficiente, con funciones eminentemente industriales, pero que debía satisfacer además, necesidades residenciales, de orden, defensa y abastecimiento. La fábrica-población, que ocupaba más de 10.000 metros cuadrados, tenía dos aéreas bien diferenciadas. Al comienzo y tras entrar por el Portal de Pamplona, se encontraba la plaza con la casa palacio, casas del portero y de correos, caballerizas, alojamiento de operarios y capilla. Inmediatamente después aguas arriba, se encontraba el núcleo propiamente fabril con los talleres de refinería y moldería, la oficina de los hornos, carpintería. Al otro lado del río las dos grandes carboneras, de carga superior y situadas a nivel más elevado. Ocho arcos de sillería canalizaban el río en donde se colocaban las ruedas hidráulicas para mover fuelles y martinetes y el recinto lo terminaba cerrando la Puerta de Francia. Desde allí un camino ascendía por entre el hayedo, paralelo al rio hasta alcanzar el puerto de Urkiaga (en la documentación militar el término figura erróneamente como Urtiaga, a pesar de ser patente en el lugar la presencia de abedules, urkiak, entre el hayedo). Desde el collado, un camino a la izquierda nos lleva hasta la mina de Beodrin y otro a la derecha hasta las de Legartxulo e Istarbegi, minas que suministraban menas abundantes de mineral de hierro, de las clases conocidas como “mina-negra” o “hematites parda”. Como ya habíamos comentado, el producto final fabricado consistía fundamentalmente en balas de cañón de diversos calibres. Cuentan que en las viviendas de Eugi, se conservan algunas de aquellas balas y que llegaron a utilizarse para calentar la leche de los kaikus. Parece ser que también, y como actividad complementaria, también se trabajó en la fabricación de clavos. Los clavos de distintos tamaños y formas eran muy útiles en todo tipo de construcciones y su fabricación mediante el martilleo en las fraguas era una actividad habitual en las ferrerías siendo la profesión de clavetero o iltzegile muy apreciada en la época.

Como curiosidad, hay que citar que, en 1777 el Teniente Coronel de Ingenieros Antonio Zara, diseñó un proyecto para canalizar el río Arga, (en el plano le llama río Esteribar), para poder transportar las municiones fundidas en Olaberri por vía fluvial hasta la Plaza de Pamplona, en concreto hasta la zona del Molino de Caparroso en la Magdalena. El proyecto terminó desechándose por el excesivo coste de la obra.

La intensa actividad fabril de los primeros años, que requirió un gran consumo de carbón vegetal, comenzó a esquilmar el bosque circundante. A partir de 1773 se tomó la decisión de empezar a repoblarlo siguiendo la norma de plantar un árbol por cada uno que se talaba. A tal efecto se pusieron en marcha varios viveros de plantones y en los siguientes dieciséis años se llegaron a plantar más de 250.000 ejemplares de haya, roble y castaño en la zona. Pero evidentemente, el crecimiento y regeneración de un bosque de frondosas es bastante lento y la madera de Kinto Real empezó a escasear, por lo que ya en 1784, el Cuerpo de Artillería pensó en construir un nuevo establecimiento en otro lugar. Ese año iba a nacer la, como decíamos mucho más conocida, Fábrica de Municiones de Orbaizeta.

La Real Fábrica de Municiones de Eugi iba reduciendo paulatinamente su actividad hasta que en la última década del siglo XVIII fue destruida por el ejército galo en la guerra de la Convención. Esperado el ataque por el norte desde la cercana muga, las tropas francesas sorprendieron atacando por la retaguardia, ya que venían de Baztan por Artesiaga, sembrando el desconcierto entre sus moradores. Durante el ataque incendiaron las instalaciones que, quedaron con apenas alguno de sus muros en pie y sus más de quinientos habitantes y trabajadores fueron muertos o huyeron. La fábrica ya nunca más recuperaría su actividad. Sus ruinas fueron poco a poco invadidas por la exuberante vegetación de la orilla del río, hasta quedar casi ocultas. A mediados de siglo XX se hizo una repoblación de coníferas en la zona de la plaza, que aun las iba a ocultar más.

Hasta tal punto fue así que, en los años ochenta un proyecto oficial de ampliación y mejora de la carretera que atraviesa las ruinas, obviaba las mismas, y ni siquiera se hacían constar en los correspondientes planos. Tuvo que ser una persona ajena al proyecto, el prestigioso ingeniero Joaquín del Valle de Lersundi, el que diera la voz de alarma. Quizás por su denuncia, o por otras razones, el proyecto de ampliación de la carretera no llegó a efecto y la misma sólo se ensanchó hasta la mina de magnesita, unos kilómetros aguas abajo.

En 2012 se puso en marcha el proyecto turístico Yelmo, que con financiación de fondos europeos (FEDER), estaba destinado a promover el desarrollo económico y social de las localidades navarras de Eugi y Banka en Alduides. El fondo, de casi ochocientos mil euros, se ha dedicado en Eugi a la recuperación de las ruinas de la fábrica de municiones de Olaberri, trabajos dirigidos por los arqueólogos Ana Carmen Sánchez y Paco Labé y en la que han participado, hasta la fecha en tres campañas veraniegas, jóvenes desempleados del entorno. En la cercana Banka, la dotación se ha dedicado a la recuperación del Alto Horno de bronce existente en la localidad. La limpieza con metodología arqueológica, señalización y posterior divulgación de las ruinas de Olaberri mediante visitas guiadas, complementadas en el centro de Referencia Histórica “Olondo” de Eugi, ha supuesto un hito para el reconocimiento de un importante valor patrimonial, corroborado con la declaración de Bien de Interés Cultural.

* Sociedad de Estudios Iturralde Elkartea

bibliografía básica

RABANAL YUS, Aurora (1987) “Las Reales Fábricas de Eugui y Orbaiceta”. Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra. Iruñea

PEREZ DE VILLARREAL, Vidal (1987) “Ferrerías” Temas de Cultura Popular nº 294. Gobierno de Navarra. Iruñea

GODOY, Jose Antonio (1999) “Armeros milaneses en Navarra, la producción de Eugui” Revista Gladius XIX. Madrid

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