Sarrera Catalunya Hechos, no palabras

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Pere Cardús   
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¿Recuerdan este lema de Montilla? Qué narices tiene esta gente. Cuánta mentira son capaces de construir. Las palabras son tan importantes que nos permiten incluso hacer eslóganes de campañas como este: 'Hechos, no palabras'. Montilla tiene poco que ver con todo esto que ahora comentaremos. O si tiene que ver, vale más aprender a olvidar. Que 'olvidar también es vivir', decía Miquel Martí i Pol.

Pero vea si son importantes las palabras que pueden llevarnos a construir imaginarios colectivizados en el sentido de quién tiene el poder y la habilidad de usarlas y hacerlas llegar a más gente. De hecho, la política son hechos, pero también son palabras. O, aún diría más, son sobre todo palabras. La batalla habitual entre partidos o entre gobiernos o entre bandos ideológicos es estrictamente lingüística.

La lengua prefigura maneras de ver el mundo. O nuestro entorno, para ser menos pretenciosos. El autocentramiento es, por encima de todo, el resultado de una determinada estrategia lingüística. La forma en que designamos las cosas es definitiva para los resultados que queremos conseguir. Encontramos ejemplos cada dos por tres. La palabra 'unilateral'; hablar de una investidura 'efectiva'; cuando un presentador de TV3 dice 'aquí' para hablar de unos hechos que pasan en Tarancón, en España; todas estas expresiones lingüísticas configuran una manera de ver el mundo y son una opción política, ideológica o de marco mental.

Con todo, tampoco quería hablar estrictamente de eso. El 'hechos, no palabras' me servía también para hablar de estos días de pugna por el pacto de investidura. Constato en cada conversación un nivel de cansancio y de irritación creciente de muchos independentistas con la actitud de los representantes que deberían hacer efectivo el 1 de octubre, el 27 de octubre y el 21 de diciembre. Y no se equivocan, no hablo de los gritones habituales de las redes sociales, no. Hablo de mucha gente que no suele levantar la voz pero que vive con una pena terrible la batallita de vuelo gallináceo de estos días que han seguido el colosal error de haber aplazado la investidura de Puigdemont. Son gente que se ha partido la cara para sacar adelante todo esto y que ve que personas de su entorno son llamadas a declarar en los juzgados acusadas de desobediencia y delitos de odio.

En este caso, me apunto a la idea del eslogan, viendo cuánto llega a llover, ¿no les parece que sería más responsable y respetuoso con la gente del 1-O encerrarse un par de días enteros en un albergue de Bruselas y no salir hasta que el acuerdo no estuviera cerrado? Quieren decir que la gente que nunca ha fallado se merece este espectáculo por muy difícil que se lo hayan puesto? Aquí sí que me apunto al 'hechos, no palabras', al menos hasta que los hechos sean hechos y puedan dar paso a las palabras.

Quien es muy consciente de esta importancia de las palabras -para bien y para mal- es la serpiente esa que se sienta en el sillón de vicepresidenta del gobierno español. 'Veneno puro', en palabras de Ramón Cotarelo. La vicepresidenta española respondía ayer al diputado Tardà abanicándose con las trifulcas públicas de los independentistas por la investidura de Puigdemont. Y pedía 'sacrificarlo', con este mismo verbo utilizado por el diputado de Esquerra pocos días antes. Las palabras son muy poderosas y, por ello, hay que saber cuándo y cómo se utilizan. También en el pulso democrático contra el autoritario Estado español.

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