Sarrera Egunekoa La burocratización de los movimientos sociales

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José Luis Orella Unzué   
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El ejemplo paradigmático

“La dirección de la Asociación contra el cáncer en Gipuzkoa dimite por discrepancias severas con Madrid”. Este era el titular de prensa del 4 de marzo de este año. Pero al leer más despacio nos encontramos con que la junta directiva de dicha asociación ha presentado su dimisión en bloque por discrepancias severas con el modelo de gestión implementado desde la dirección nacional, dejando sin liderazgo a la entidad en uno de los territorios donde más socios cuenta de todo el Estado, unos 11.000. La razón aducida es la pérdida del espíritu de voluntariado que caracteriza al colectivo y porque esas personas voluntarias están perdiendo capacidad de gestión en favor de profesionales. “Se está profesionalizando una asociación  que debe su fuerza al voluntariado y a su trabajo”.

Este es el último ejemplo de una larga lista de movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales que nacidos por un espíritu de colaboración cívico, con el paso del tiempo y con la idea de una mayor efectividad, se están burocratizado.

El movimiento social y la burocratización:

Si existe un movimiento social, es porque hay allí una “base”, formada con incontables personas llenas de anhelos y aptitudes para contribuir a la transformación social. Las circunstancias de la actividad diaria no siempre permiten las asambleas generales continuadas, haciéndose necesaria, muchas veces, la delegación de poder.

Sin embargo quien delega debe controlar. La aplicación de esta norma conlleva como consecuencia la capacidad de la asamblea de sustituir las coordinaciones, direcciones y comités mal evaluados. Y esto difícilmente sucede.

Los voluntarios no olvidan que los objetivos de todo movimiento social son alcanzar los fines para los que se fundó y la creación entre los miembros del movimiento de nuevas relaciones sociales, solidarias e igualitarias en un proceso de concienciación creciente.

Las actividades de dirección jamás pueden ser vistas como especialización de funciones. Toda la base debe ser estimulada a asumir responsabilidades orgánicas, de preferencia rotativas, que genere una masa crítica de capacidad dirigente.

Sin embargo uno de los peligros más comunes de todo movimiento social es la burocratización, es decir, la división del movimiento entre una base pasiva y una activa élite de los “más iguales que los demás”.

Los efectos de la burocratización:

1º El virus de la burocratización actúa neutralizando el fervor revolucionario de viejos y nuevos militantes, creando el escepticismo en la base del movimiento y promoviendo su desmoralización.

2º Conlleva un efecto económico como es el de reservar unas partidas sustanciales de su presupuesto al sostén de la propia burocracia con la merma consiguiente de los fondos recibidos y de las aportaciones ciudadanas.

3º Se crea un distanciamiento entre la masa social y el equipo dirigente. Más aún, como poder creado por encima de las bases de voluntarios, el burócrata teme que un proceso asambleario derrumbe su poder organizativo.

4º Existe un vínculo íntimo entre la burocratización, la deslegitimación de los horizontes corporativos y la conversión del aparato organizativo en el objetivo principal. El burócrata pierde la visión de la meta original y pasa a vivir, cada vez más, para defender su aparato organizativo.

5º Como consecuencia se acentúa la desmoralización del voluntariado en el momento en el que la base se vuelve pasiva y los dirigentes se vuelven independientes de la base, se distancian del movimiento cotidiano de los que dicen representar y se transforman en los nuevos jefes de las organizaciones que controlan.

6º Con la burocratización los  movimientos sociales se convierten en partidos políticos, cuya orientación ya no obedece a decisiones tomadas por la base sino que se ve enteramente determinada por la dirección.

7º Las bases ya no se reúnen en asambleas para discutir y decidir.  Son convertidas en rebaño que oye las instrucciones de los dirigentes. Esos dirigentes, en vez de ser cuadros que favorecen el desarrollo de los intereses de los voluntarios se convierten en dueños de estos intereses. Pretenden evitar las relaciones de solidaridad directa entre las bases de los movimientos, haciendo que las relaciones sean establecidas tan sólo entre “cuadros dirigentes”.

8º Uno de los criterios para evaluar si el movimiento se está burocratizando, consiste en saber en qué medida las direcciones son controladas por la base, en qué medida la base consigue influir y determinar a las direcciones en sus necesidades y en su dinamismo.

9º Otro criterio para medir la burocratización de un movimiento social consiste en averiguar si las direcciones se esfuerzan por promover la autonomía de la base y por incentivar las decisiones colectivas y las relaciones de solidaridad o si por el contrario, procuran a cualquier costo reforzar su autoridad y dejar a la base sin voz y sin un campo de actuación directo.

10º Se instalan prácticas nocivas como son las listas de asistencia a las asambleas. Estas listas establecen una clasificación entre los militantes y voluntarios por lo que aquellos que tienen más asistencias tienen acceso supuestamente garantizado a las direcciones del movimiento social.

11º Se procede a la liberación de militantes. El “militante liberado” es aquel que tiene en el movimiento su principal fuente de ingresos, o sea, salario, servicios y otras facilidades en especie como participación en viajes y comidas de trabajo.  Esta liberación de militantes genera un problema grave de financiamiento. Con esto el proyecto original  tendrá que adecuarse a las formas y contenidos impuestos por los órganos financiadores.

12º Como consecuencia se produce el agotamiento de las asambleas y de los espacios formativos. Las bases se desmovilizan, son convocadas excepcionalmente y se reduce su papel a aprobar sin discusión planes y presupuesto presentados por la dirección.

13º Los nuevos cuadros de mando se preocuparán  en mantener su poder internamente, buscando eliminar cualquier voz disonante e impidiendo la entrada de otros que podrían regenerar la asociación

14º Con este olvido de las bases se genera el declive de las iniciativas propias del movimiento social al desaparecer la presión social y al crecer la organización burocrática que necesita justificar su razón de ser.

15º Concluyendo se puede afirmar que con la burocratización se culminan las cuatro etapas de los movimientos sociales: Emergencia, coalescencia, burocratización y declive.

* Catedrático senior de Universidad