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Enric Vila   
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Hay una diferencia entre la voluntad de poder y las manifestaciones de amor que la gente sencilla acostumbra a pasar por alto y que se puede ver muy bien estos días en la prensa. El poder no va nunca de cara. El poder, o bien calla para que tus fantasmas se hagan grandes como sombras chinescas, o bien habla para tal disfrazar una cosa más importante que queda escondida entre bambalinas.

Esta diferencia tan pronto se puede ver en detalles anecdóticos, pequeños como las faltas de ortografía que comentan con rabia algunos lectores, como también en detalles de más alcance, cuando se trata de alta política. Para saber leer la prensa hay que entender bien esta diferencia. Las relaciones de poder están a las antípodas de las conversaciones que tenemos con nuestros mejores amigos o familiares más queridos.

Cuando Trump amenaza con atacar Corea del Norte, en realidad intenta presionar a la China, que es su aliado militar y económico. Washington no puede permitir que el hermano pequeño de Pekín desarrolle misiles capaces de llegar hasta ciudades norteamericanas. Trump no quiere que Corea del Norte acabe jugando el papel de Cuba durante la guerra fría, y trata de cortar esta posibilidad antes que sea demasiado tarde.

Por su parte, Kim Jong-un no pretende iniciar una Tercera Guerra Mundial. En los años de aislamiento, los líderes chinos se podían permitir pensar que los Estados Unidos no tenían bastantes bombas atómicas para aniquilar un país tan grande como China. Pero Corea del Norte es un país de dimensiones más pequeña y las bravatas de Kim Jong-un van destinadas a consolidar a su dinastía a base de demostrar hasta qué punto le puede hacer el trabajo sucio a Pekín.

En el conflicto entre Catalunya y España nada tampoco es lo que parece. Cuando Sáenz de Santamaría dice que el referéndum no se hará, en realidad está pensando en el discurso que tiene previsto para el dos de octubre. Dudo de que el PP confíe, como se dice en algunas tertulias, poder impedir que se pongan las urnas o boicotear el referéndum de manera eficaz.

Para el PP cualquier acción clara contra la celebración del referéndum es contraproducente. La opción que sale más a cuenta a Rajoy es evitar el choque y retirarse del campo de batalla. Lo más probable es que la acción proporcional que anuncia Sáenz de Santamaría consista en tratar el 1 de octubre como una rabieta de la Generalitat y que, como mucho, los jueces españoles hagan cuatro papelitos.

La última opción de España es dejar a Catalunya sola ante sus fantasmas y contradicciones. Por eso el PP trata de alimentar las falsas esperanzas que algunos dirigentes catalanes todavía tienen de que el Estado va a retirar las urnas. Incluso los líderes más partidarios de liberar Catalunya tienen que gestionar el deseo oscuro pero comprensible que algún imprevisto, que no dependa de ellos, les ahorre la situación de vértigo en la cual se van a encontrar si tienen que aplicar un voto favorables a la independencia.

La ruptura con España se jugará durante los 10 primeros días de octubre. Los discursos que hablan de negociar o que reivindican falsas equidistancias sólo tratan de preparar el terreno para restar entusiasmo y contundencia a la ejecución del referéndum. Toda la política comunicativa de Madrid está puesta en este objetivo. Se trata de conseguir que al día siguiente a la gran votación el Gobierno catalán dude cuando se encuentre solo ante el abismo.

ELNACIONAL.CAT