| Nabarralde | EGUNEKOA |
Mikel Sorauren |
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| Evocación republicana | |
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El contundente aplastamiento que llevó a cabo Franco sobre las fuerzas políticas y elementos que defendieron la Segunda República española y posterior represión de la disidencia han engrandecido la imagen de aquel sistema político que, en principio, abrió tantos horizontes para el conjunto del Estado español. Lo que se revela más lamentable ha sido la dejación que las fuerzas políticas que se reclamaban republicanas hiciesen en tiempos más recientes -los de la denominada Transición- a la exigencia de recuperar tal sistema. En este capítulo se encuentran el P.S.O.E. y P.C.E, al igual que la U.G.T., los tres protagonistas fundamentales en la República y en la lucha contra la agresión del ejército franquista. Es difícil que el futuro les vuelva a dar otra oportunidad. Muchos sectores sociales e individuos de diferente clase y condición pusieron sus esperanzas en la República. Lo cierto es que sus dirigentes resultaron demasiado timoratos, con mucha frecuencia, ante una realidad social sangrante en la que la riqueza se concentraba en manos de la oligarquía histórica del Estado español. Titubearon ante una cuestión crucial como fue la reforma agraria, ineludible por la pobreza en que se abatía el campesinado y escasa productividad de la gran propiedad. Primó la consideración del derecho de propiedad y a muchos campesinos no les quedó otra alternativa que la de… "comed República…" expresión con la que les zaherían los propietarios. La República representó grandes esperanzas, pero estuvo cargada de grandes limitaciones. Para intelectuales como Azaña, sectores de la clase media ilustrada, el modelo lo constituía la Tercera República francesa, orgullosa de su ciudadanía igualitaria y laica, liberada del sofocante control que la Iglesia católica había ejercido sobre la sociedad durante siglos. No obstante, la Tercera República francesa no dejó de ser un Estado Imperialista y agresor, que únicamente admitía una forma de ser ciudadano, la del 'francés' con renuncia expresa a cualquier otra identidad. Estos rasgos aparecen también en la mayor parte del republicanismo español, que no dio la menor importancia a la presencia de unos territorios coloniales -mínimos- sometidos al Estado español, a pesar de que en ellos se siguió practicando el aniquilamiento y la represión de pueblos indígenas. A la hora de entender lo que fue la República es obligado recordar que, en principio, muchos elementos escasamente proclives a soluciones progresistas se declararon republicanos. Es esto cierto incluso cuando tiene lugar el alzamiento militar del 18 de Julio. Muchos militares que se consideraban republicanos optaron por él y no pensaban en una restauración de la monarquía. El mismo Mola impuso en principio a los carlistas la bandera republicana. Mayor gravedad representan las maniobras realizadas por Franco para que las autoridades republicanas contaran con su concurso en fecha posterior al triunfo del Frente Popular en febrero del 36. De hecho Franco no se decidió sino en el último momento y nos podíamos preguntar qué hubiera hecho en el caso de que la conspiración, en la que no participaba, hubiera fracasado. Todos estos elementos de juicio deben ser tenidos en cuenta a la hora de analizar la República. No obstante es obligado reconocer que el alzamiento militar, dirigido al aniquilamiento de los sectores populares que exigían reformas más profundas, clarificó los campos, al menos a partir de la actuación de los militares. La represión se cebó en los sectores y elementos más reivindicativos, pero que no por ello dejaban de plantear unas exigencias justas. Cuando se considera la crueldad y sadismo utilizados por los sublevados en Navarra en contra de quienes reclamaron el cambio, no existen paliativos para calificar a los primeros de asesinos. ¡Qué no quede ni uno!, afirmó Mola. En tiempos posteriores, cuando a algunos protagonistas de la masacre se les pretendía hacer reflexionar sobre la brutalidad de su crimen, muchos llegaron a responder con altivez: ¡más teníamos que haber matado! Sobre esta página negra de nuestra Historia se pretende que ilumine la luz del sol. Constituye una vergüenza el haber tenido que esperar 70 años para que la sociedad haya podido dar un homenaje público a las víctimas. Sin embargo en Pamplona se sigue manteniendo el mausoleo del asesino y el patrimonio del Estado tiene bajo su protección a la momia del principal ejecutor de la represión. Toda una evidencia de que la legalidad franquista, nacida del 18 de Julio, sigue estando vigente. El memorial de Sartaguda representa la voluntad de reclamar como navarros más coherentes a quienes figuran grabados en su piedra, los que enlazan con los infanzones de Obanos con mejores razones, porque se opusieron a los poderosos que pretendía esclavizar la patria. Frente a otros mausoleos tenebrosos, el de Sartaguda se encuentra a la luz del sol, la que terminará por iluminar la verdad de los hechos y la grandeza del sacrificio de quienes fueron sus protagonistas. El sol aplastante del verano, el cierzo del otoño y la lluvia, elementos metereológicos que gozaron y sufrieron, serán permanentemente sus compañeros, al igual que los ramos de flores, unos ya ajados por la intemperie y otros nuevos por recién colocados, que es previsible sean ofrecidos de manera continuada. La trayectoria de las fuerzas republicanas durante la guerra no fue siempre de color blanco (Helen Graham, 2007). No hay que olvidar la represión indiscriminada de que fueron objetos muchísimos individuos por su carácter religioso y razones de posicionamiento político. Violencia injustificable cuando afectó a personas sin ninguna responsabilidad política. Es cierto que el clero, con sus altas jerarquías a la cabeza, fue igualmente responsable de la represión en la denominada zona nacional y en bastantes casos instigador de la rebelión militar. También lo es que las autoridades republicanas se esforzaron por recuperar el control de los acontecimientos y que, en cuanto se restableció el orden, cesaron los linchamientos. Existen otros episodios que tampoco dejan en buen lugar a muchos elementos que tuvieron un papel importantísimo en el devenir de los acontecimientos. Afectan a la actitud de los dirigentes del P.S.O.E. y de la U.G.T. Importantes sectores sociales, obreros, campesinos y clases medias, formaron parte de estas organizaciones. Su entrega a la causa, que en tantas ocasiones les costó la vida, no se vio seguida por el hacer de sus dirigentes. El papel de Largo Caballero es de lo más lamentable. A raíz de la dictadura de Primo de Rivera llevó al partido y a la organización sindical a una estrecha colaboración con la misma, a pesar del carácter autoritario y represivo del régimen. En los tiempos de la República, sin embargo, adoptó un discurso radical y revolucionario, oportunista. Muchos de sus seguidores creyeron en la sinceridad del mismo y pagaron con su vida a manos de los franquistas las ansias de saciar el hambre que habían sufrido. A pesar de todo, cuando la derrota republicana era incontrovertible, Largo Caballero pensó en la posibilidad de que Franco contara con él en el Nuevo Régimen, como ya lo había hecho Primo. Es un hecho espeluznante, aunque las expectativas de Largo en este terreno no llegaron a cumplirse. En todo caso es llamativa la actitud de condescendencia que tuvo Franco con algún familiar del dirigente socialista y ugetista. Franco hizo publicar en el B.O.E. el fusilamiento del hijo de Largo Caballero, que en realidad no había tenido lugar. En el mismo orden de cosas es obligado citar la actitud de la U.G.T., que en los tiempos de la República acogió entre sus afiliados a los pistoleros barceloneses que habían actuado a las órdenes del general Martínez Anido en contra de los anarquistas, en los primeros años 20. Por lo demás, hay hechos en la República que no casan bien con lo que debería ser una situación democrática plena. La República no deja de ser la propuesta de los sectores sociales españoles que se sienten marginados por la oligarquía, pero su proyecto sigue siendo el Estado español. No extraña el desinterés que éstos mostraron por situaciones que se daban en el exiguo Imperio que España seguía manteniendo e incluso fue en este momento cuando España se impone como potencia en el futuro Sahara. Los republicanos españoles tampoco entendieron el problema nacional que existía en Euskal Herria y Cataluña. Resulta muy sintomático al respecto la afirmación de Calvo Sotelo de "prefiero una España Roja a una España rota". La República fue posible por la existencia de lo que Machado llamó las dos Españas, derivado del desajuste tan pronunciado entre la Oligarquía y las miserables clases populares. Las escasas clases medias vieron en ella el instrumento para conseguir la modernización del Estado español, que se arrastraba con los lastres del Antiguo Régimen que persistían en el mismo; oligarquías detentadoras de la mayoría de los recursos económicos, masas sociales abrumadas por la miseria y autoritarismo que golpeaba sin miramientos a quien osaba protestar. El camino que ofrecían los dirigentes políticos de las clases medias era el de las reformas paulatinas de efecto a medio y largo plazo. Lo que buscaban las masas republicanas eran soluciones inmediatas. El propio franquismo resolvería la cuestión mediante la represión y el desarrollo económico. Cuando muere Franco ha desaparecido también la España de miseria. Hoy las dos Españas son la constituida por quienes no quieren ser españoles y la de quienes se muestran decididos, en cualquier caso, a obligar a los primeros a serlo. Se explica que la República despierte tan pocos entusiasmos, a pesar de los esfuerzos que realizan algunos por presentar una alternativa de Estado a la situación presente. No creo que la sociedad española sea monárquica -probablemente sean mayoría quienes consideren a la monarquía algo superfluo y costoso-; pero no representa el mayor problema político que les afecta. A decir verdad, no creo que a medio plazo tenga lugar un cambio de situación y la única República que veo viable es la que surja de la creación de un estado navarro soberano. Sinceramente, pienso que los republicanos españoles tienen una fuerte carga de nostalgia y mucho de idealización. Osasuna eta Nafarroaren Errepúblika |
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