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Un cooperativista vasco |
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| La mutación inducida en Eroski | |
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Los casos como Iberdrola y en general de las importantes empresas en que existe la posibilidad de que desplacen su centro del poder fuera del País Vasco han solido preocupar a las mentes atentas. Y es bueno que preocupe, pues el futuro de un país pequeño y deficientemente normalizado como el nuestro depende en parte del compromiso enraizado de las más estratégicas de sus empresas. Existe a corto plazo la posibilidad de que se materialice una preocupante operación en este sentido. El grupo cooperativo vasco Eroski puede tomar el camino irreversible de convertirse en grupo cooperativo español, por la vía de hacer socios masivamente en sus filiales españolas y dejando abierta la vía de basar el poder paulatinamente en ellas. Si se confirma esa opción, parece que no está muy lejos el año en que la central de Eroski esté en Madrid por la lógica empresarial y por la propia lógica de las mayorías institucionales. Es una opción a la que hay que mirar sin alarmismos de uno u otro signo, y hay que debatir también sin alarmismos los argumentos para proponer otras alternativas. La decisión de escribir este artículo radica, lamentablemente, en la falta de opciones de debate real que existe en torno a este tema (algo muy preocupante en una 'democracia empresarial'). Una de las formas de hurtar el debate es descalificar las posturas (seguramente mayoritarias si realmente se midieran) de defensa del ámbito vasco. La defensa de los ámbitos de decisión nacionales de las empresas es algo común y muchas veces realizada de facto por los resortes naturales de un estado. El cinismo reside en que precisamente a una sociedad que no tiene esos resortes se le señalan -ismos, cuando no llega ni a plantear una décima parte de lo que naturalmente otros hacen. El ámbito vasco no tiene fronteras reales, afortunadamente para los que no somos partidarios de fronteras y tenemos cierta vocación universalista partiendo de nuestro ámbito de decisión. España, en cambio, sí las tiene, con todas sus determinantes consecuencias. No deja de ser sarcástico que los que quieren hacer de Eroski un grupo español utilicen un discurso de deslegitimar ámbitos de decisión cooperativos históricos tildándolos de falta de apertura, arrogándose la modernidad de superar lo vasco… para ir a lo español, ámbito con fronteras, mucho más acotado y blindado objetivamente que lo vasco. Es el mismo discurso utilizado por las corrientes savaterianas, que utilizaban tácticamente este discurso filosófico "anti-fronteras" universalista contra al ámbito vasco, hasta que se les ha visto la pasión ultra-españolista a la hora de la verdad política. Esto es muy común. El fundamento de todo truco en los ilusionistas radica en direccionar la mirada. Se hace que la mirada recaiga en un elemento mientras se oculta lo que realmente el mago realiza. El truco que se opera en el discurso de la dirección de Eroski es del mismo corte de los magos del nacionalismo español, aunque algo desfigurado por el discurso de mercado y su elasticidad. Existe un planteamiento de defender el ámbito vasco de decisión cooperativa, por razones de cohesión y por razones de pertenencia, y se etiqueta dicha sensibilidad (mayoritaria si hubiera un verdadero test de adhesiones) como nacionalista. Y en realidad lo que pretende la dirección de Eroski es pasar de tener como ámbito de control una nación sin fronteras, a tener como ámbito de control una nación con fronteras. Los planteamientos supuestamente 'aperturistas' y universalistas en Eroski, en el fondo tienen un horizonte muy concreto: hacer de Eroski un grupo español. Existe el peligro de repetir errores históricos. El gran nivel de conflicto y convulsión que arrastra nuestro país tiene una de sus claves en que la burguesía industrial hizo la apuesta táctica por España en los comienzos de la revolución industrial, al ver en el estado oportunidades de mercado cuando comenzaban a flaquear en el europeo (después de haber constituido una economía puntera en el post-renacimiento). "¿Qué remedio hay para conservar este ramo de la industria? Españolizarlo, pues no quedándole más salida que a España y sus dominios, es de necesidad hacerlo español" dice textualmente una Memoria Justificativa de la Cámara de Comercio de 1832. Esta orientación inducida por la más cómoda apuesta económica contribuiría a la futura inestabilidad, por un divorcio de rumbos entre estas fuerzas económicas y las aspiraciones profundas que se gestarían en la mayoría de un pueblo. Llevamos siglos pagando esa fractura. Con elementos análogos a aquella apuesta de Neguri en su tiempo, parece que los directivos de Eroski apuesta por ligarse a la noción de España. Para la operación, han existido contactos políticos con la fuerza política española especialmente interesada en ello. En cambio, la mayoría silenciosa que potencialmente apostaría por mantener el ámbito de decisión vasco, ha sido impecablemente inactiva en este tema. El problema añadido es que en el caso de las cooperativas no es una operación de capital, sino de todo un cuerpo social, con unas consecuencias cualitativamente diferentes. A medio y largo plazo puede haber importantes fracturas en los elementos de pertenencia, con consecuencias preocupantes. Se han obviado muchos aspectos fundamentales de la motivación cooperativa al imaginar un mega-grupo español. Nos estamos jugando mucho en esta operación. ¿Hay otras fórmulas para organizar el grupo Eroski? Sí, las hay, y son mejores para el futuro del grupo cooperativo. Existen vías claras, empresarialmente buenas y con un mayor compromiso a largo plazo con el futuro de la idea cooperativa. Se puede mejorar como empresa y crecer en términos adecuados, con formas acordes con los valores, sin perder la identidad de los ámbitos matrices, sin dispersarse en mega-grupos con graves problemas de cohesión futura, y al final, con el riesgo de una pérdida general de caldo de cultivo cooperativo. El argumento que se utiliza para ir hacia un grupo español es un argumento muy sensible, que toca corazones cooperativistas: ampliar el derecho a ser socios. Es, sin embargo, un argumento que hay que contrapesar con otras realidades para el cuidado de la idea cooperativa. Lo peor que se puede hacer a una cultura cooperativa debilitada, es ampliarla de golpe a otras geografías donde la base para ello es aún más débil y ofrecen gran peligro potencial para ser degradada. Existen vías mejores para apuntalar el futuro cooperativo de Eroski. Pero en Eroski hay poco margen para debatirlas. Me consta la preocupación que genera este tema en otras cooperativas del grupo Mondragón, aunque la mayoría de su base social no es consciente de lo que está ocurriendo. Una circunstancia preocupante de esta situación es la pereza mental que parece haberse instalado en los altos órganos de la corporación Mondragón ante este tema tan crucial, y la parálisis que demuestran ante el truco ideológico antes citado. Ello puede llevar al grupo cooperativo, cada vez mas ensanchado en tamaño, a una vía peligrosa: a una pérdida de fuentes de referencia e identidad cada vez más acelerados. Si no se sabe gestionar el crecimiento en envergadura con el mantenimiento de ámbitos de referencia e identidad, la falta de cohesión y el resquebrajamiento de su identidad será el gran tema en el futuro de las cooperativas. Parece que los dirigentes corporativos asisten dubitativos al espectáculo de ver crecer a un gigante con pies de barro. |
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