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Juanjo Gabiña |
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| Los límites de la economía | |
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El mercado no puede seguir siendo el centro de la economía y si éste quiere perpetuarse no tendrá más remedio que supeditarse a las leyes físicas de la naturaleza. En un mundo limitado como el nuestro desde la ciencia se sostiene que deberíamos prestar una atención especial a las leyes de la Termodinámica, deberíamos buscar la consecución de la sostenibilidad, es decir, el equilibrio entre el uso que el sistema económico hace de los recursos naturales y la posibilidad de regeneración de los mismos. Si queremos sobrevivir a nuestro fatal destino al que nos conduce nuestra esclavitud y supeditación al lucro y a la usura, la economía deberá incorporar aquellas nociones biofísicas centradas fundamentalmente en principios energéticos que son los que, verdaderamente, explicarán nuestra viabilidad económica. En otras palabras, deberá ser sostenible. Sabemos por la 1ª Ley de Termodinámica que la materia y la energía ni se crean ni se destruyen, sino que tan sólo se transforman. No se puede realizar ningún trabajo mecánico sin consumir energía y/o materia. Según esta ley, la generación de residuos es algo inherente a todo proceso de producción y consumo. Por la 2ª Ley de Termodinámica o Ley de la Entropía, sabemos que la materia y la energía se degradan continua e irrevocablemente desde una forma disponible a una forma cada vez menos disponible, o de una forma ordenada a otra más desordenada. Así pues, podemos acordar que lo que confiere valor económico a las materias primas y a la energía es su disponibilidad para ser utilizadas. La forma disponible de la energía es la única forma que les sirve a los seres humanos para realizar trabajo. A la parte de la energía que no puede utilizarse para producir trabajo se conoce como entropía. De este modo cuando un sistema se degrada más decimos que el sistema gana en entropía. Lo mismo que pasa en nuestras casas, cuando los padres nos vamos a disfrutar unos días de vacaciones y se quedan entonces sólo los hijos, por unos días, en ella. Durante esos días, y hasta el mismo día que legan los padres -en el mejor de los casos- nuestra casa gana continuamente en entropía. De igual modo, a medida que generamos más basuras convertidas en desperdicios de difícil reutilización, los niveles de entropía del sistema siempre aumentan. La economía tradicional se ha despreocupado siempre del marco biofísico en el que se desarrolla la actividad humana. En su ecuación fundamental, todos los factores son ilimitados. No tiene en cuenta su condición de sistema abierto y dependiente de la energía que intercambiamos con la naturaleza. Cuando se trata de un sistema termodinámicamente cerrado, la 2ª Ley de la Termodinámica nos establece que el crecimiento de la entropía de cualquier sistema viene marcado por la degradación energética que sufre dicho sistema. Por lo tanto, el crecimiento exponencial de la economía mundial es imposible. Es decir, la consecuencia económica de esta idea supone que todos los procesos tienen limitaciones -unos más que otros- que les impiden explotar infinitamente los recursos perecederos y no renovables, por mucho capital o tecnologías que utilicemos para ello. Si fuéramos inteligentes -cosa que dudo cada día más- el principal objetivo de la economía debería ser la autoconservación de la especie humana. La amenaza del cambio climático es tan grave que sólo el hecho de continuar haciendo más de lo mismo -poniendo en peligro así la viabilidad de la especie humana- debería ser motivo para que los jueces -que se enorgullecen tanto de que son un poder independiente- deberían condenar a los gobernantes que lucharan contra el cambio climático por imprudencia temeraria, acompañados de los consultings 'botafumeiro' que les rodean y alagan para desgracia nuestra. A su vez, y siendo medianamente sensatos y responsables, los bienes que producimos deberían ser clasificados en base a su potencialidad para ser utilizados también en el futuro, y no en base a sus precios especulativos. De este modo, la ciencia y la tecnología podrían ser más útiles, a la hora de buscar soluciones económicas a la gestión de los recursos del territorio, de manera que se se asegurase tanto la viabilidad sostenible de la producción como la reducción, el reciclaje y la reutilización de los residuos. Los niveles de reservas de materias primas, la productividad de los residuos, así como los niveles de ahorro y de eficiencia y de producción y consumo local de energías renovables, junto con los niveles de precios y demanda, actuales y previsibles, que se darán en el futuro, son y serán los factores clave que más incidirán en el nuevo paradigma socioeconómico que, es obvio, que nos aguarda desde hace tiempo. Esta entrada fue publicada el 2 Julio, 2008 en 6:00 am y está archivado en Cambio Climático, Economía, Gestión de Recursos, Ordenación territorial. Etiquetado: Amenazas, Cambio de modelo, Ciencia, Desarrollo Sostenible, Preparación a los cambios, Prospectiva estratégica, Tecnología, Termodinámica. Puedes seguir los comentarios a esta entrada a través de RSS 2.0 feed. Puedes deja un comentario, o trackback desde tu propio sitio. |
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